Desde la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT), junto al Centro de Estudios de la Tierra (CET), realizamos un relevamiento a 340 productorxs del cinturón hortícola de La Plata para conocer la situación de endeudamiento que atraviesan las familias que producen alimentos.
Lo que encontramos confirma una realidad que no es aislada ni circunstancial. El endeudamiento de las familias hortícolas forma parte de una situación que se extiende entre los sectores populares de todo el país: ingresos que no alcanzan, aumento acelerado de los costos de producción, precios de venta que no cubren el trabajo realizado y necesidad de recurrir al crédito para sostener la vida cotidiana.
Entre las respuestas realizadas a 340 productores y productoras de alimento del cinturón hortícola de La Plata el 92,3% indicó tener una deuda o crédito pendiente de pago. No estamos hablando de endeudarse para comprar una herramienta para invertir y crecer. Estamos hablando de deuda para llegar a fin de mes, comprar alimentos, pagar insumos, sostener una quinta y evitar que una familia se quede sin lo indispensable.
El 58,5% utilizó el dinero para gastos de producción, de manera exclusiva o combinada con gastos del hogar. A la vez, el 49,6% destinó deuda a alimentos y necesidades cotidianas de la familia. Esta superposición muestra con claridad que, para las familias productoras, no hay una frontera posible entre la economía de la quinta y la economía del hogar: cuando no alcanza para producir, tampoco alcanza para vivir.
Las deudas se concentran principalmente en bancos, mencionados por el 35,8%, y en familiares o conocidos, con el 35%. También aparecen las billeteras virtuales como Mercado Pago y otros acreedores, cada uno mencionado por el 21,1%. La expansión de estas vías de crédito expresa una situación de urgencia: se recurre a cualquier alternativa disponible cuando los ingresos no alcanzan y no existen políticas públicas que resguarden a quienes producen.
El 72,4% está endeudado desde hace menos de un año. Pero esa deuda no se cancela: se acumula. El 65,9% tuvo que sacar una nueva deuda para pagar una anterior. Más de una cuarta parte, el 27,6%, tuvo que hacerlo varias veces. Es la rueda del endeudamiento: pedir para pagar, volver a pedir para sostenerse y seguir trabajando sin poder salir de esa carga.
El principal obstáculo para pagar las deudas son los bajos precios de venta, señalado por el 38,2%. Le siguen la falta de ingresos suficientes, con el 19,5%; el aumento del costo de los insumos, con el 15,4%; y los problemas de producción o clima, con el 13,8%.
Entre quienes se endeudaron exclusivamente para sostener la producción, el 56% identifica los bajos precios de venta como la principal dificultad para pagar. Producimos, trabajamos e invertimos, pero los precios que recibimos no permiten cubrir los costos ni saldar las deudas. Mientras tanto, el valor de los alimentos aumenta en las góndolas y la mayor parte de esa diferencia no llega a quienes los producimos.
Esta situación se agrava en el marco de las políticas económicas del gobierno nacional de Javier Milei. El ajuste sobre los ingresos, la desregulación, la reducción del papel del Estado y la falta de políticas de protección para la producción familiar dejan a las familias trabajadoras frente a un mercado que impone costos crecientes y precios injustos.
Aunque la inflación mensual haya desacelerado, eso no significa que la vida se haya abaratado ni que los ingresos populares alcancen. Los sectores populares siguen enfrentando alquileres, servicios, alimentos, transporte, medicamentos e insumos que absorben una porción cada vez mayor de los ingresos. Para quienes producimos alimentos, a esa presión se suma el costo de semillas, agroquímicos, herramientas, combustible, arrendamientos y transporte.
El endeudamiento también se profundiza a través de canales no bancarios. Las billeteras virtuales y las fintech se presentan como una respuesta inmediata, pero muchas veces se convierten en una nueva forma de dependencia financiera. Cuando el crédito se usa para comer, pagar una deuda previa o comprar insumos básicos, no hay alivio: hay una transferencia de los ingresos populares hacia bancos, financieras y plataformas de crédito.
Nuestro relevamiento muestra la dimensión que alcanza esta situación en quienes producimos alimentos. No se trata de casos individuales ni de malas decisiones personales. Es la consecuencia de una economía que castiga a quienes trabajan, producen y sostienen la alimentación de nuestro pueblo.
Conocer esta realidad es una forma de defender la producción de alimentos y a quienes la hacemos posible. Desde la UTT y el CET vamos a seguir visibilizando esta situación y reclamando políticas que garanticen precios justos, acceso a la tierra, créditos accesibles y no usurarios, protección frente a los costos de producción y condiciones dignas de vida para las familias productoras.
Cuando una familia deja de producir no pierde solo esa familia. Se pierden fuentes de trabajo y avanza la concentración económica de la producción de alimentos.
No queremos endeudarnos para producir. Queremos producir para vivir.



